Hola {{nombre | default: futuro millonario}},
Hay una verdad incómoda que la mayoría de los profesionales tardan años en aceptar.
A tus clientes no les importa tu talento. Ni tus años de experiencia. Ni los títulos que cuelgan de tu pared.
Lo que les importa es su propio problema y lo rápido o bien que puedes hacerlo desaparecer.
Un error muy común que veo en profesionales que intentan emprender es que intentan vender su "proceso" o su "tiempo" y dicen cosas como:
"Me dedico a consultoría de marketing digital."
"Soy copywriter especializado en tech."
"Ofrezco sesiones de life coaching de 60 minutos."
Eso es vender commodities. Y cuando vendes commodities, el cliente te compara por precio. Ahí es donde los márgenes desaparecen y donde aparece la frustración.
Del proceso al resultado
En mis años como emprendedor, he aprendido que el mercado no te paga por lo que tú quieres o crees que mereces. Te paga en base al valor aportado por satisfacer sus deseos o aliviar un fuerte dolor.
Si te duele la muela un domingo a las 3 de la mañana, no buscas al dentista con más títulos. Buscas al que te quite el dolor de inmediato de forma efectiva.
Y no le discutes el precio.
A tus clientes no les importa tu talento. Les importa su problema. Si vendes tiempo, te comparan por precio. Aprende a vender resultados.
Mi objetivo es que dejes de ser un "profesional que ofrece servicios" para convertirte en un solucionador de problemas de alto valor.
El experto dice: "Te hago una auditoría de procesos."
El dueño de un negocio rentable sin embargo dice: "Te ayudo a liberar 10 horas de tu agenda a la semana mediante la IA."
¿Ves la diferencia? El segundo es un resultado tangible.
Es algo por lo que la gente paga con gusto y sin rechistar.
Te lanzo una reflexión para hoy:
Mira lo que haces actualmente. Si tuvieras que dejar de vender "tu tiempo" y empezar a vender un "resultado final": ¿Cuál sería ese resultado?
Piénsalo bien. Porque si logras definirlo, ya tienes el 80% de tu oferta ganadora.
Mañana te hablaré de cómo estructurar esto para que no seas un "autoempleado" (el esclavo de tu propio negocio), sino un emprendedor libre.
P.D. El mercado no premia al más listo.
Premia al que hace más fácil la vida de los demás.
Tu talento es irrelevante si no lo traduces en un resultado concreto.
Así que hoy te toca decidir: ¿seguir vendiendo horas… o empezar a vender transformación?
Hasta la próxima,
— Sergio Iranzo